Visitando la Isla

Un comentario

Contaba divertido un buen amigo español que cuando llegó hace años a Monterrey se quedó muy impresionado al ver que todos los padres regios tenían una isla. Sus conocidos, a menudo, iban los fines de semana a la isla del padre y a él le hizo gracia la excentricidad. Hasta que un día se dijo: ¿habrá que mirar esto de las islas porque deben andar muy baratas por aquí?

Poco después descubrió que los padres de sus amistades no tenían ninguna isla sino que acudían en tropel a la archifamosa isla del Padre. Una estrechísima zona costera de playas de arena fina ubicada en Texas muy cerquita de la frontera mexicana.

La isla del Padre, más conocida simplemente como la Isla, es el mejor lugar de playa cercano a Monterrey. No es un lugar de postal pero la temperatura es deliciosa y puedes llegar en coche. Todo un privilegio teniendo en cuenta que Monterrey está en medio de la nada. Lejos quedan las aguas turquesas del Caribe, la arena blanca de la Riviera Maya o el saborcito del México más auténtico. Esto es el Golfo de México con sus aguas trufadas de plataformas petrolíferas y el gringo flavour por doquier.

Pero el lugar es cómodo, resulta muy agradable y ha conquistado, con razón, el corazón de los regios, especialmente el de los niños.

Para haceros una imagen más certera imaginaos la primera línea de mar de cualquier pueblo de la costa valenciana con altos edificios de apartamentos e interminables playas de buena arena. Digo la primera línea porque la Isla es muy estrecha dando lugar a sólo dos calles de edificios paralelos al mar hasta llegar a la laguna . Todo el mundo está literalmente a pie de playa.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

De esa imagen hay que suprimir los restaurantes de paellas, el centro urbano por el que callejear, las tienditas de recuerdos y el paseo marítimo, y sazonarlo todo con polvos «sabor americano». Todo ordenado pero con un punto salvaje y dejado que en España ya no se encuentra.

La isla del Padre recibe su nombre en el s XVIII del Padre José Nicolás Balli (177?-1829) cuya familia emigró a Nueva España dos siglos antes. Balli solicitó al rey Carlos IV tierras para crear el primer asentamiento, el Rancho Santa Cruz, en el valle del Río Grande y fundó la primera Misión religiosa en la zona. Pocos años después de su muerte Texas se independizó de México y pasó a formar parte de los Estados Unidos.

Padre Balli

Desde que pusimos nuestros pies en México mis hijas me han insistido en que las lleve a la Isla porque muchos de sus compañeros veranean allí. Y gracias a mi amiga Melissa, a la que le estaré infinitamente agradecida, su deseo se cumplió coincidiendo con la festividad del Grito. Las dos mamás y las cuatro hijas pusimos rumbo a la Isla nada más salir de la escuela.

Tuvimos el privilegio de ser conducidas durante los 200 km que nos separaban de la frontera por Ricardo, un avezado conductor. Es bien sabido que el tramo mexicano no es todo lo seguro que sería deseable al tratarse de una autopista controlada por los cárteles. ¿Qué significa eso? Pues que con algo de suerte no te sucede absolutamente nada y que con mala suerte cualquier cosa es posible. Ricardo conducía como en las películas policiales con el motor a todo lo que daba. No me parecía a mí que, aunque se lo propusiese, ningún malo fuera capaz de bloquear nuestro paso. Cuanto antes se llegue a Estados Unidos mejor. En la escuela de conductores profesionales de México, si es que hay una, así es como les deben enseñar a conducir.

Otra cuestión menor pero relacionada con la peligrosidad de la carretera es que está terminantemente prohibido pararte a repostar o a hacer pipí. Los coches que salen de Monterrey van directos hasta la frontera por lo que los niños que van a bordo están amenazados de tener que hacer number 1 en un bote, o los que tienen suerte en un pañal, si no hacen sus necesidades antes de partir. Y doy fe de que esa amenaza se cumple. No he querido ni pensar qué pasa con number 2. Afortunadamente no me he visto en esas todavía.

El debate que suele plantearse a lo largo del camino es qué puente utilizar para cruzar el río Bravo que separa México de los Estados Unidos. Que si Andalzúas es más seguro pero hay mucho retención, que si por los Indios es más rápido, que si hace unas semanas robaban a todos los coches por tal carretera y está muy peligroso… Finalmente y tras asesoramiento sobre la seguridad de la carretera cruzamos por Brownsville el camino más corto. Afortunadamente y tras mucho tráfico de salida de Monterrey llegamos a la frontera sin problemas.

Lo último que me esperaba es que en la caseta donde se encuentran los oficiales de frontera de la migra estadounidense para sellarte el pasaporte me iba a topar con el agente Márquez. Una mala experiencia cuyo relato os ahorraré. Sólo diré que fue tremendamente desagradable y que por primera vez, nunca había tenido el menor incidente, temí que me prohibieran la entrada.

Superado el desagradable trance fronterizo, dejados atrás los cárteles y los peligros mexicanos dio comienzo un fin de semana estupendo de playa, piscina, películas y paseo en barca.

Ya en territorio USA

El apartamento en el que nos alojamos era inmejorable. Tres habitaciones, vistas preciosas y a pie de playa. Padre Island está concebido para pasarte el día en la playa por lo que uno baja con todo tipo de bártulos para que no falte de nada. Hielera con cervezas, botanas para todos los gustos y palas suficientes como para cavar una presa. De hecho hicimos una super piscina en la que cabíamos las seis. Las niñas como locas y las mamás dejándose la piel. Imagino que sabéis que nosotras éramos las obreras y ellas quienes dirigían los trabajos como ingenieras, arquitectas y decoradoras.

Tras la playa y los divertidos revolcones en las olas a la piscina otro rato. El norte de México tiene la particularidad de que aunque hace calor se acostumbra a calentar el agua de las piscinas para poderte pasar horas y horas. Nada de las heladas aguas españolas que te curten pero que metes un dedo y se te cae a trozos. Aquí todo es siempre suavecito.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Por la noche cenita en casa, película de niños y agradable conversación hasta que los ojos se nos cerraban.

La guinda al fin de semana la puso el estupendo paseo en barco al que nos invitaron para ver delfines. De nuevo la hielera con cervezas y tequila, of course, botanas varias y la pizza para tomar a bordo. Al mexicano nunca le van a pillar sin su tequila. No vimos ni un delfín aunque eso fue lo de menos porque lo pasamos estupendamente. Disfrutamos de la laguna, vimos montones de pelícanos y el atardecer fue francamente precioso.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El domingo por la mañana tocaba regresar. Las niñas obviamente querían alargar la estancia pero todo lo bueno se acaba De regreso nuevamente Ricardo nos esperaba en la frontera para asegurarse de que estas seis mujeres llegábamos a Monterrey sanas y salvas.

Una vez en casa paellita dominical gentileza del club de la paella Gauden’s completó un fin de semana redondo. Volver a casa tampoco está nada mal.

Singular: 1 comentario en “Visitando la Isla”

Deja un comentario