Viaje a las Cícladas

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No ha sido mi primera vez en las Cícladas pero sí de las que más he disfrutado. Todo el viaje ha estado inmerso en una magia y compenetración con mi pareja que no siempre es fácil conseguir, ni aunque lleves cientos de viajes a las espaldas. Una especie de encantamiento tras quince años de vida juntos y dos hijas en común que nos ha rejuvenecido.

Tras una noche en París que resulta siempre inolvidable volamos a Atenas y de allí a Milos, nuestro primer destino. Ya conocíamos la isla de un viaje anterior que recuerdo vagamente más allá de las sensaciones positivas que guardo en mi memoria. En Milos nos recibió, al igual que hace años, un aeropuerto viejo y minúsculo, invadido de una luz de media tarde que dejaba claro que estábamos de vacaciones. Nuevos olores, nuevos sonidos, mucha tranquilidad. Las Cícladas en estado puro. No el parque temático en el que se ha convertido Mykonos o Santorini sino lo que uno espera cuando viaja por aquí.

Aeropuerto de Milos

Petros, el propietario de nuestro apartamento, un joven y simpático griego que vive entre Atenas y Milos y que se encarga de restaurar con todo el cariño las que eran las viviendas de sus tías en la localidad de Plaka, nos fue a recoger al aeropuerto.

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El fuerte calor del mediodía había dado paso a una leve brisa de media tarde que nos permitió cargar nuestras pertenencias hasta lo alto de la población sin sufrir excesivamente los rigores del verano. Nuestro apartamento, una coqueta suite en lo alto del pueblo, casi coronaba el laberinto de callejuelas de casas blancas con ventanas azules que conforman Plaka a cuyo centro sólo se puede acceder a pie. Una vez arriba una de esas puestas de sol que quitan el hipo nos dio la bienvenida.

Ya instalados, con las recomendaciones de Petros a buen recaudo y tras brindar por el amor y la belleza del sol con la botella del espumoso italiano que compramos en el aeropuerto nos fuimos caminando hasta la taverna Velivanis. La recomendación de Petros fue una grata sorpresa al tratarse de un simpático local lleno a rebosar de griegos en los que éramos los únicos forasteros. Un lugar sencillo de comida casera en donde veías que los camareros se dejaban literalmente la piel para contentar a la numerosa clientela que atestaba el lugar. A los fogones las que debían ser la madre y abuela de los camareros no perdían la concentración. Un par de ancianos tomando uzo en la mesa de la entrada completaban el dibujo. La comida sencilla pero muy sabrosa.

La mejor manera de moverse por las islas griegas es, sin duda, en moto. Hay poco aparcamiento en la mayoría de las islas y las distancias son cortas. Tras una noche reparadora nos dirigimos a la casa de alquiler de vehículos. Tras ciertas complicaciones alquilamos una moto y pudimos movernos por la isla sintiendo, como nos gusta, el aire fresco en nuestros rostros y los olores de la isla.

Milos es la isla más occidental de las Cícladas. Menos conocida por el turismo de masas que otras como Santorini, Mykonos o incluso Paros, mantiene mucha de su personalidad. Aunque el turismo es importante no han cesado otras actividades como la agricultura y la minería. Ello hace que siga viviendo gente normal y no únicamente población itinerante que hace la temporada de verano.

A lo largo de su historia Milos, como el resto de estas islas, ha sido dominada por todos los imperios (ateniense, espartano, macedonio, romano, otomano, ruso, alemán…) aunque posiblemente la vida diaria no se haya visto excesivamente alterada por ninguno de ellos más allá de pagar impuesto a uno sitio u otro. Obviamente la herencia que prevalece es la greco-romana.

Cerca de nuestro pequeño apartamento se encontraba un imponente teatro romano de los siglos I-IV a.C con capacidad, según indicaban, para 8000 espectadores. Teniendo en cuenta el tamaño de la isla resulta una barbaridad. Cerca de ese teatro encontró un agricultor a principios del XIX la famosa Venus de Milos que puede visitarse en el Louvre de París.

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Desde el punto de vista gastronómico merece la pena destacar dos lugares. La ya mencionada Taverna Velivanis y el restaurante Gialos ubicado en Pollonia junto a la pequeña bahía que forma la playa. La comida en este lugar es francamente deliciosa. Nunca podré olvidar la pasta orzo en tinta de calamar (tipo arroz negro pero con pasta) que degusté. A menudo, cuando tengo hambre, se me hace la boca agua sólo de pensarlo. Y para antes de cenar en el mismo Pollonia el bar Obsidiano, un lugar sencillo y agradable con vistas a la playa donde disfrutamos de más de un buen cocktail al son de una música tranquila.

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Milos no es famosa por sus arenales. Ni son abundantes ni especialmente llamativos. Provatas y Paliochori fueron los que visitamos, estuvimos a gusto pero sin más. En la isla son más pintorescas las calas, Papafragas o Sarakiniko son una buena elección. También se suele destacar Tsigrado, a la cual accedes bajando por un acantilado y a través de una curiosa escalera, y Firiplaka. Ambas pequeñitas pero llamativas.

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Tras tres días en Milos nos dirigimos al puerto para coger el ferry y poner rumbo a Naxos, nuestro segundo destino.

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Naxos es la isla más grande de las Cícladas. Un poco más pequeña que Ibiza pero mucho menos desarrollada. Sigue siendo muy agrícola aunque el turismo es ahora su principal industria. El interior es muy bonito. Montañas que suben hasta casi los 1000 metros de altura. Darte una vuelta por los pueblos del interior Chalki, Filoti, Apiranthos te da una visión más amplia del lugar. Chalki es de todas las poblaciones del interior la más pintoresca. Tiendas de moda con encanto y callejuelas con casas estilo veneciano.

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Según la mitología griega fue en Naxos donde Teseo, tras matar al minotauro de Creta y encontrar la salida del laberinto gracias a su famoso hilo, abandonó a la desgraciada princesa Ariadna. Ella desesperada se suicidó. La mitología otorga sin duda a las Cícladas una magia especial que hace que las observes con mayor romanticismo.

El bullicioso puerto de Naxos te recibe con la vista del Kastro veneciano coronando Chora. Por debajo el laberinto de callejuelas del mercado antiguo. A nivel de mar y a mano izquierda, Portara, las ruinas de un famoso templo griego especialmente concurrido durante la puesta de sol. Al anochecer los paseos por Chora y su old market con sus pintorescas callejuelas son la estampa que toda revista de viajes utilizaría para ilustrar un viaje a las Cícladas.

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A diferencia de Milos, Naxos está más desarrollada y más adaptada al turismo. No sufre aún saturación turística y gran parte de sus visitantes son griegos pero sí se ven los estragos de la crisis griega en forma de viviendas a medio construir un poco por todas partes.

En la isla hay diferentes yacimientos arqueológicos menores pero si se viene de la Acrópolis no hace falta ni planteárselo. Toda la parte oriental es territorio desconocido y está muy poco poblado. El grueso de la población y del turismo, que en el mes de julio no era excesivo, se queda en la parte occidental entre Chora y Mikri Vigla.

Desde el punto de vista gastronómico Naxos también tiene lugares señalados. En primer lugar Kozy, restaurante de comida griega con vistas a Portara. En él disfrutamos de la mejor Moussaka de Grecia. Por lo menos eso dicen. En cualquier caso está buenísima y repetimos la noche de nuestra despedida. Kozy es un local sencillo con vistas al mar en el que abundan las familias griegas.

En el corazón de Chora, tras callejear por el mercado antiguo acabamos en el restaurante Typografio. Las instalaciones del que fuera el primer periódico de Naxos han sido transformadas en este encantador restaurante que coloca sus mesas en diferentes terracitas de la plaza. Comida bastante buena, a destacar los garbanzos y berenjena ahumada. Apostoli es otro lugar recomendable. Y para tomar un buen cocktail con inmejorables vistas al puerto sin duda una buena opción es el 520 cocktail bar. No os decepcionará. Pedid el Dirty Mexico, está delicioso.

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En Naxos sí hay buenos arenales. El más conocido es Agios Prokopios y está francamente bien, aunque pueda parecerlo no es demasiado turístico. Nosotros nos alojamos en Mikri Vigla, en una estupenda casa estilo griego a 50 metros de la playa. Annais Casa, se llamaba. Un lugar precioso pero algo ventoso a mediodía. Ideal para windsurf y kitesurf. Afortunadamente tanto a primera hora de la mañana como a última de la tarde el aire se calmaba y era una delicia pasear por la playa.

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Mikri Vigla

Nuestros días en Grecia pasaron volando. Repetiremos sin lugar a dudas. Tras por lo menos 8 viajes a las Cícladas quizás sea hora de buscar nuevos lugares en la península griega. Ya le hemos echado el ojo a uno de ellos.

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