Una escapada a Lima

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Un viaje con dos objetivos

El viaje fue breve pero mereció la pena. Mi primera vez en Perú. No visitamos Machu Picchu, ni nos adentramos hacia Cuzco, pero nos llevamos una buena idea de lo que sería vivir allí. Si es que llegara a suceder.

En esta vida de nómada que llevamos hay que tomar la temperatura a muchas ciudades porque al final la decisión de dónde pasarás los siguientes tres años de tu vida la tomas en pocas horas. Y cada vez está más cerca el momento de la verdad.

Debo confesaros que a veces siento vértigo. Hoy casi ni he pegado ojo. Intento no pensar en ello, pero es imposible. Algo de angustia se apodera sobre todo por la noche, porque lo que aquí hemos construido habrá que desmontarlo y volverlo a levantar en otro lugar. Una vez más. El cambio de destino es lo más interesante de la vida del diplomático, y a la vez lo más duro. Es lo que hace que esta profesión sea diferente a las demás.

Al aterrizar en Monterrey tras el viaje sentí el bienestar de cuando uno llega a casa. Dentro de poco esta ya no será nuestra casa. Todo resulta tan extraño.  Emociones a flor de pie.

Pero estoy contenta. Me ha gustado mucho el viaje y, a pesar de los baches del camino, me siento llena de energía.

Nuestra escapada a Lima tenía dos objetivos: imaginar cómo sería vivir allí y disfrutar de la gastronomía peruana. Ambos fueron ampliamente cubiertos.

Alquilamos un coche y un bonito apartamento frente al club de golf de San Isidro, para poder sentir mejor cómo sería vivir en la capital del Perú. De Virreinato a Virreinato, sería el título de mi primera entrada de este blog si llegara a producirse este cambio.

 

Breves pinceladas sobre Lima tras 48h

El tráfico

Lima es una ciudad enorme, de unos 8 millones de habitantes, y un tráfico infernal. Estoy acostumbrada a conducir en muchas ciudades con tráfico difícil y, desde luego, ninguna como Lima. El incivismo al volante que he visto allí hace que Monterrey me parezca Suecia. No se respeta nada. Es como conducir los autos de choque de las ferias. Un milagro que no tuviéramos ningún incidente. Un verdadero milagro. Además de la conducción, los embotellamientos son también memorables.

Los acantilados

Los acantilados que separan la ciudad del mar resultan muy llamativos y crean una muralla natural. No son las montañas de Monterrey, pero también me transmitieron algo mágico.

Vista del acantilado desde el Parque del Amor.
Vista del acantilado desde el parque del Amor.

 

A lo largo del acantilado hay un paseo con bonitos lugares donde detenerse como el parque del Amor, donde el alter ego de Vargas Llosa se declaró a la tía Julia en ¨La tía Julia y el escribidor¨, o el centro comercial Larcomar, donde acaba la avenida Larco.  Y es que Lima está plagado de escenas de la literatura de Vargas Llosa.

 

Parque del Amor
Parque del Amor
Miraflores y San Isidro

Los barrios para vivir son, sin duda, Miraflores o San Isidro. Es allí donde viven la mayoría de extranjeros. Y donde se encuentran la mayoría de embajadas. Son barrios cosmopolitas de primer mundo. Tranquilos, seguros y perfectamente urbanizados. Hay rincones estupendos y muchos locales que merecen la pena. Uno allí puede llevar una vida parecida a la de cualquier capital europea. Pero cuando abandonas esos barrios conoces el verdadero Lima, y no es tan bonito. El contraste es abrumador.

Barranco

El barrio que me llamó más la atención fue Barranco. Ahí se ve una vida cultural muy intensa. Este barrio está siendo progresivamente recuperado por jóvenes peruanos de clase media que no pueden asumir los precios de San Isidro o Miraflores. Uno encuentra rincones maravillosos, como el puente de los suspiros, mezclados, eso sí, con una Lima decadente. Se trata del lugar de moda para salir. Lleno de locales de ocio con encanto, restaurantes, bares, centros culturales y street art. El visitante no puede perdérselo.

El centro de Lima

El centro de Lima no resulta especialmente atractivo. La Plaza de Armas donde se ubicaba la casa de Pizarro, el puente de piedra sobre el Rimac, el convento de San Francisco o la plaza San Martín son el centro del Perú colonial pero buena parte ha sido destruido por terremotos y saqueos. Y lo que queda en pie no está especialmente cuidado. Hay excepciones, por supuesto, como el Convento de San Francisco, pero teniendo en cuenta de que ésta era la capital del Virreinato del Perú me esperaba más.

Habría que señalar que en la mayoría de capitales latinoamericanas la clase alta abandonó hace años el centro y eso hace que se suela respirar decadencia.

Dejando de lado las construcciones coloniales, creo que en el centro de Lima es donde he visto alguno de los edificios modernos más feos y descuidados del mundo. Uno de ellos, la Fiscalía de la Nación en la Avenida Abancay, es digno de un episodio tétrico de los Simpson.

Barrio Chino

Existe también un barrio chino, cerca del centro, pero más allá de la curiosidad de ver el arco chino y la calle Capón, donde se encuentra el BBVA con las letras en chino, no hay mucho más que ver.

La población china es importante en Perú. Hay alrededor de un millón de chinos descendientes de aquellos que llegaron desde finales del XIX para trabajar en las haciendas costeñas y la construcción del ferrocarril.  Hubo diferentes oleadas a lo largo del s XX y, progresivamente, se fueron concentrando en Lima.

Las chifas, los restaurantes chinos de Perú, son lo más representativo de esta inmigración. En ellas se hace una fusión de la comida china y la peruana. Pero con el famoso coronavirus acechando ni se nos pasó por la cabeza meternos a una a profundizar en el tema.

 

Los mercados

Mercado Ramón Castilla

Sí resultó interesante la visita al mercado Ramón Castilla ubicado en el centro, cerca del barrio chino. Los puestos de pescado y ceviche son maravillosos, y la sección de frutas y verduras también merecen la pena. El mercado está bastante limpio.

Mercados de San Isidro y Surquillo

Visitamos también los mercados de San Isidro y de Surquillo. Pero el mejor de todos, en variedad y precio, es el del centro. En el de San Isidro me parecieron muy apetecibles los puestos de ceviche, aunque te lo cobran a precio de San Isidro. En el de Surquillo conocimos una nueva fruta, la granadilla. Deliciosamente dulce. Se asemeja a la fruta de la pasión, pero su sabor no es tan explosivo.

 

Mercado Artesanal de Chorrillos

La versión inglesa de masterchef profesional nos dio la pista sobre otro mercado. Este exclusivamente de pescado. El pequeño mercado artesanal de Chorrillos, levantado a pie de mar. Ahí llegan las barcas de los pescadores y el producto es excelente. En una de las cevicherías cercanas al mercado nos comidos un ceviche y un arroz de mariscos deliciosos. Eso sí, todo algo caótico.

Las Playas

Aprovechando que el mercado de Chorrillos está al lado de la playa nos pusimos el bañador para darnos un chapuzón. El agua estaba helada, por lo que limité mi aventura a remojar los pies. Mi marido, que es un valiente, se zambulló entero.

Las playas de Lima no son bonitas, pero una playa siempre es un elemento positivo en una ciudad. Las que están a la altura de Miraflores son de guijarro, pero hacia Barranco o Chorrillos empiezas a encontrar playas de arena fina y oscura. Al ser fin de semana estaban todas llenas de limeños.

Me divirtió enormemente el entusiasmo con el que los limeños hacen agujeros en playa y levantan castillos de arena. No se trata, ni mucho menos, de una actividad limitada a los niños. Los adultos son incluso más entusiastas. No hay que olvidar que muchos de ellos no saben nadar.

Hay que tener mucho cuidado con el sol. Aunque en Lima esté casi siempre nublado el sol te quemará con facilidad.

 

El colegio americano

La escuela de las niñas es indudablemente uno de los puntos más importantes y, afortunadamene, aquí está bien cubierto. El americano de Lima, Franklin Delano Roosevelt International School, es estupendo. Buenas instalaciones, clases de pocos alumnos y ambiente internacional. Un buen lugar para las pequeñas. El colegio no es tan bonito como el ASFM de Monterrey rodeado de sus montañas, pero me da que en este aspecto iremos, vayamos donde vayamos, a peor.

La escuela sigue el calendario del hemisferio norte aunque las vacaciones más largas las tienen en su verano (nuestro invierno). Algo más de un mes de vacaciones en julio y dos meses entre navidades y finales de febrero.

Lo que más me inquieta respecto a la escuela es el tráfico que podamos tener cada mañana en el trayecto porque queda lejos de San Isidro o Miraflores. Si llega a suceder habrá que echarle ganas, cada día será una odisea.

 

El clima en Lima

Al estar Perú en el hemisferio sur  hemos ido en pleno verano. El calor no era excesivo y la temperatura resultaba muy agradable. Los inviernos tampoco son especialmente fríos, aunque hay mucha humedad. Por lo que hemos visto, ya se lee en los libros de Vargas Llosa, Lima tiene una curiosidad climática: el cielo siempre es plomizo y la bruma, que frecuentemente entra desde el Pacífico, sumerge a la ciudad en un ambiente algo místico.

 

Boom gastronómico: algunas recomendaciones 

Lima está experimentando un verdadero boom cultural y gastronómico. Hay restaurantes maravillosos donde la comida es deliciosa. El más famosos es Astrid y Gastón, que tiene sucursal en Madrid, pero yo prefiero recomendaros otros.

En primer lugar El Mercado de Rafael Osterling. Una experiencia maravillosa. Terracita informal pero muy bien puesta, ambiente cosmopolita y comida espectacular. Ideal para mediodía. Los Pisco Sours estaban deliciosos.

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En San Isidro nos encantó la taberna japonesa DonDoh. También muy bien puesto y con ambiente nocturno informal.

Una curiosidad gastronómica. Hay un excelente restaurante japonés en Miraflores, el Costanera 700, famoso porque sirve pescado siguiendo la práctica ikezukuri, es decir, pescado vivo. No lo visitamos pero ahí queda.

Lima se mueve. No se necesitan ni 48h para verlo. Y viniendo de Monterrey, donde la cultura tiene un espacio tan reducido, es una bendición.

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