Un español en Monterrey

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En España el deporte nacional, después del fútbol, es criticar. Ya sea al político de turno o al vecino del quinto. Da igual si uno tiene o no tiene razón. Da igual si España se merece un juicio tan estricto. Como buen país cainita la cuestión es no dejar títere con cabeza. Parecería que la alabanza fuera signo de debilidad.

Pero hete aquí que ese comportamiento suele terminar cuando el español se traslada a vivir fuera y se percata de que en todas partes cuecen habas y que las de España tampoco estaban tan mal.

Cuando el destino es Monterrey y se procede a la inevitable comparación de ambos sitios las diferencias lógicamente son importantes.

El español se sorprende evidentemente al ver lo complicada que puede resultar la vida en México al ciudadano de a pie. Si un español hace, por ejemplo, cada mañana el trayecto en coche por Alfonso Reyes hacia Valle Poniente desde el cementerio Valle de la Paz se cruzará con decenas de personas que acuden a sus puestos de trabajo en las casas de las colonias de las montañas y verá que esta gente se juega diariamente el pellejo al intentar cruzar la calle (una vía rápida de tres carriles en cada sentido) simplemente porque no hay semáforos para peatones. Y lo que más le sorprenderá es lo invisibles que son esas personas para los conductores y para las autoridades municipales.

Seguramente tampoco comprenderá por qué viendo el terrible problema de contaminación de la ciudad la administración no apuesta por adecuar las aceras para poder ir andando. O por qué no se prioriza un transporte público menos contaminante. Le resultará absolutamente incomprensible entender qué demonios llevan los autobuses para que echen esos horribles humos negros como si fueran a carbón. O por qué las rutas sólo pasan por Vasconcelos obviando todo el resto.

Cuando vengan sus padres de visita se acercará al pintoresco Mesón Estrella, por eso de enseñarles un mercado típico. El español comprará 3 kg de tomates en el Mesón y comprobará al llegar a casa que le han tomado el pelo porque sólo le han servido 2. Recordará entonces las viñetas de “13, rue del Percebe” del maestro Ibáñez en las que se retrata la España de los 60 y en donde un desconfiado tendero intenta engañar a sus clientes con el peso o la calidad del producto siempre que tiene ocasión.

Por último, nuestro español estará sometido a la draconiana dictadura de las empresas de suministros. Le habrán cortado la luz o el gas varias veces durante su estancia. Quizás el recibo se perdió y no pudo acudir al OXXO a tiempo. Quizás el banco decidió no pagar un recibo domiciliado por alguna extraña circunstancia.

Sea como fuere Murphy se asegurará de que ese corte se produzca mientras sus padres están de visita para que su madre se vuelva a su casa bien preocupada. Sin duda para ella eso es motivo de gran inquietud ya que ni aunque seas un insolvente de libro te dejan sin luz en España.

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