Tercer aterrizaje en la ciudad

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Hace exactamente dos años que nos trasladamos a Monterrey. Ya somos unos verdaderos veteranos. Conocemos cómo funcionan las cosas y dónde encontrar lo que necesitamos. Nos movemos por la ciudad como si hubiéramos nacido aquí. Incluso mejor que muchos de los locales. Y para las niñas el colegio ya no es un lugar extraño lleno de gente desconocida. Cuando salen las listas de los salones tienen el mismo entusiasmo que cualquier otro niño porque los nombres de sus compañeros les resultan familiares. El material escolar tampoco es ningún secreto. Sabemos qué son los legajos, las plumas y los plumones. Incluso tuve la precaución de comprar todo ello antes de partir de viaje para que el tercer aterrizaje en la ciudad fuera aún más suave.

 

Aterrizando con el vaso medio vacío

Pero por alguna razón, supongo que la mente es un lugar inescrutable, este es el año en el que el retorno se me ha hecho más cuesta arriba. Quizás porque todo era fácil y no estaba tan atareada… Quizás porque lo de comenzar el año escolar cuando todo el mundo en España disfruta del inicio de sus vacaciones se hace cuesta arriba… Quizás porque el calor de principios de agosto lo dificulta todo… Quizás porque tanta repentina disponibilidad de tiempo en las mañanas me perturba… Quizás porque me doy cuenta de que esta vida que he elegido conlleva sus renuncias… nunca lo sabré. Un cúmulo de cosas. El estado de ánimo hace que el vaso a veces esté medio vacío en lugar de medio lleno. En esta ocasión he tardado casi tres semanas en llenarlo. Una mezcla de crisis post vacacional y existencial.

 

¿Depresión?

No os confundáis no estoy deprimida. Al menos eso creo. Pero una no siempre tiene que estar al 100% , ni siquiera al 60%. Dejadme que escriba ciertos párrafos estando al 30%. Me ayuda mucho escribir sobre ello para entenderlo mejor. Tengo mis rutinas, vida social, amigos, veo a gente, leo, escribo, trabajo lo que puedo, aprendo cosas nuevas… Pero estas últimas semanas, desde que regresé, cierta sensación de culpabilidad me embarga porque creo que debería hacer más… como si estuviera en mi mano resolver muchas cuestiones que he dejado de lado. Me educaron para hacer grandes cosas, creí que incluso podía salvar el mundo y  llevo una vida de madre/esposa expatriada.

Cierto es que el grueso de la vida familiar gravita entorno a mí, lo cual me hace sentir importante, pero a veces a quien tengo que salvar es a mí misma porque me siento como una flor en tierra extraña. Se supone que como el ama de casa que soy ahora, debería ocuparme de temas como la cocina o el hogar pero me resulta vacío. La cocina no me gusta, demasiado desagradecida. Mi marido es además un cocinitas y cuando cae sobre mis hombros toda la responsabilidad de la comida no doy la talla. Del hogar me ocupo mejor. Todas las reparaciones caen de mi lado. Cocinitas no pero una verdadera manitas. Algo es algo. La organización de las tareas domésticas tampoco se me escapa. Pero obviamente aunque alguien debe ocuparse de esos temas, porque son importantes, no son lo más enriquecedor del mundo.

 

Escritura y maternidad

Afortunadamente aprovecho mi tiempo para escribir. De pequeña siempre llevaba un diario. Escribí decenas de libretas pero por alguna razón que ahora no consigo comprender, cosas de la adolescencia, las quemé todas haciendo una gran hoguera a los veintipocos. Me daba miedo que alguien las leyera y no las comprendiera. Solía escribir cuando estaba triste o enfadada, molesta con la vida, y daba una imagen negra de mí que no me gustaba. Ya no recuerdo lo que decía aunque me gustaría volver a leerlas. Ahora no las quemaría. Tras ese akelarre goyesco me pasé muchos años sin escribir. Hasta el año pasado. Me doy cuenta que me encanta. Me hace sentir libre. Ordena mis pensamientos. Y siento que aporto mi granito de arena a este mundo.

Pero la labor que ocupa más mi tiempo es, sin duda alguna, la de madre. Me reconforta y hace que entienda por qué estoy en este mundo. Le da sentido a buena parte de mi vida y se ha convertido en la función a la que dedico casi todos mis esfuerzos. Disfruto mi maternidad y sé que esta vida que llevo es la que mejor me permite dedicarme a ellas enteramente. El tiempo y mis hijas juzgarán si lo hice bien o mal pero desde luego no podrán criticar mi dedicación y presencia.

 

Esposa, hermana e hija

Pero a menudo siento que no desempeño tan bien ninguna de las otras funciones que me importan en la vida.  No soy tan buena esposa, aunque adoro con toda mi alma a mi marido y solo imagino la vida a su lado; ni tan buena hermana, aunque les llevo siempre en el corazón y su presencia me da energía; ni tan buena hija, aunque mis padres me lo han dado TODO.

La función de esposa está, creo yo, algo reñida con la de madre.  Se crea cierta rivalidad con los hijos ya que al no tener al resto de la familia cerca toda la responsabilidad de su cuidado cae casi exclusivamente sobre mi persona lo que me hace dedicarles más esfuerzos. Mi marido lo acepta aunque a veces con resignación. En lo que se refiere a mi papel de hermana e hija los más de 9000 km que nos separan dificultan la labor y hacen que, aunque me duela, esté menos presente.

 

Crisis postvacacional del expat

Supongo que esta crisis viene del contraste que se produce en mi vida a cada regreso. En el libro Diplomatic Baggage de Brigid Keenan, de quien descaradamente me inspiro en este blog, la protagonista experimenta muchas de las cosas que yo siento. Me reconforta ver que se trata de la crisis típica de la mujer expat y me hace sentir más acompañada.

Durante las vacaciones te pasas dos meses en una realidad absolutamente diferente a la del resto del año y, por lo general, con la familia (abuelos, tíos, primos) cerca. Se crean dos mundos sin puentes entre ellos. Unos allí y nosotros aquí. La familia de España no conoce mi casa de México más que por fotos, ni mi entorno o amigos, ni el colegio de mis hijas, ni prácticamente nada de la realidad que me rodea. Es lógico cuando 9000 km de distancia se encuentran entre nosotros pero te hace sentir más solo.

Mi apuesta

Este es nuestro último año en México pero no el último fuera de España. El año próximo volveremos a partir de cero. La ciudad que nos acoja será extraña durante unos meses, no conoceremos gente y las niñas añadirán un nuevo colegio a su vida escolar. Aprenderemos muchas cosas pero tendremos que volver a esforzarnos como cuando llegamos aquí. Ya son cinco años en el extranjero.  No es exactamente que eche de menos volver a España, incluso hay muchas cosas de mi vida actual que me gustan más, que me permiten agarrar la vida bien fuerte con las dos manos y sentirme más viva. Pero quiero estar allí y aquí según la conveniencia. Y cuando nos vayamos de Monterrey a esa lista de lugares que extraño añadiré también esta ciudad que ahora es la mía.

Quiero tenerlo todo. Sobre todo a la gente que quiero. Y ante eso me rebelo. Siento como si una parte de mí estuviera de luto por las cosas a las que he renunciado, a las que tendré que renunciar. La vida me ha obligado a crecer y a asumir mis decisiones pero no siempre es fácil. Afortunadamente hay nuevas cosas que llegan y te enriquecen. ¿Compensa? No lo sé. Normalmente sí. Pero, a veces, como estas tres últimas semanas surgen las dudas. Sólo sé que  mi apuesta en la vida es ésta y espero ganar la partida aunque alguna vez haya que pedalear cuesta arriba.

Plural: 4 comentarios en “Tercer aterrizaje en la ciudad”

  1. Ainhoa: Qué hermosas reflexiones de una esposa, madre, hija y hermana ante la vida. Con qué sencillez y con qué serenidad explicas y asumes tus dudas, no te preocupes, todos las tenemos. Solo los necios conciben un mundo perfecto. El tuyo, el vuestro lo tenéis que conformar vosotros y tú eres la protagonista esencial. Quien no duda es porque piensa que está en posesión de la verdad. Yo me fío mucho más del que duda porque se ve obligado a reflexionar y de la razón llega más la verdad que de los factores ajenos o aleatorios. Me ha encantado. Si escribes más yo estoy deseando leerte. Un abrazo para todos, incluido ese marido cocinilla al que debes expulsar de la cocina. Jajaja.

    1. Querido Alfonso:
      No sabes la ilusión que me hacen tus reconfortantes palabras. Todo lo he escrito desde el fondo de mi corazón. A veces cuesta mirar tan adentro, incluso duele, pero cuando una lo consigue resulta liberador.

      Un cariñoso abrazo
      Ainhoa

  2. Wowowowow sentí que me
    Sacaste los pensamientos de mi cabeza así me siento yo. Pero además con el rollo de que ya voy a cumplir 45 probablemente la mitad de mi vida.
    Que he hecho ?
    Que me falta por hacer ?
    Carencias, experiencias, logros , triunfos, derrochas etc.
    Que bueno que te leí pensé que era yo. Con esta crisis post vacacional y ausencia de madre.
    Aquí estoy por si quieres un café , Coca o tequila. A phone away por el momento sin separación de mares.

  3. Amigas urge terapia grupal jaja yo me apunto el jueves! Se me hará larga la semana para verlas 😍.

    Ainhoa te leí, y creo como Claudis, que esas emociones son normales. Pero conociéndote, se que has ido formando familia en cada lugar vivido. Depende en qué nos enfoquemos… No es que dejes parte de tu “corazón” en tus hogares temporales, más bien, añades a tu corazón familia en forma de amigos como nosotros, con los que siempre contarás… y gracias a que vivimos en la era tecnológica podremos estar siempre en contacto… tenemos una vida privilegiada… pero también está bien sentir tristeza, porque eso nos hace más empaticos y fuertes; y desde luego más sensibles a recibir cariño… en fin, más humanos.
    Abrir el corazón escribiendo, es una hermosa forma de desahogar y vaciar nuestras emociones. Que bueno que lo retomaste!
    Estaremos deprimidas cómo escribes en el blog? Puede ser que si… habrá que vivir ese proceso… lo que debemos de tener siempre presente, es que una vez liberadas esas emociones, se transforman.. porque siempre después de una tormenta, viene un día espectacular; y volvemos a nuestro camino por recorrer. Así como hay días de gimnasio, hay días de pasteles 😁… está bien. A disfrutar de cada uno de ellos y dar gracias por tantas Bendiciones que recibimos *constantemente*.

    Las quiero mucho!! Animo!!!

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