Nieve en Nueva York

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Venían avisando desde el lunes. La noche del miércoles se esperaba una importante nevada en la ciudad de Nueva York y sus alrededores. Las autopistas y calles principales se prepararon con sal para que la nieve no cuajara, se canceló la escuela online en previsión de que hubiera cortes eléctricos (limitándose a algunos deberes) y se extendió el aviso de que todos se quedaran en casa.

Y la nevada no defraudó. Comenzó a las 5 de la tarde del miércoles y no paró hasta mediodía del jueves. Entre 30 y 40 cm de maravillosa nieve polvo cambió por completo el paisaje. Cuando nos acostamos el blanco ya había teñido las calles, pero a la nieve le faltaba profundidad. Por la mañana, sin embargo, ya caminabas sobre algodón. En un plumazo el descolorido final del otoño quedó atrás y el paisaje se vistió por completo de un inmaculado blanco invernal.

La mañana del jueves, cuando dejó de nevar, los vecinos comenzaron a salir de sus casas para ver el milagro. Y con el milagro comenzó el trabajo de limpiar aceras y desenterrar los coches.

Cada propietario es responsable de su trocito de acera por lo que los menos preparados, con palas, y los más profesionales, con las más extrañas máquinas, se afanaban en sacar nieve de los “drives” y de las aceras.

Tampoco eran excepcionales las cuadrillas de jóvenes hispanos que hacían el trabajo, previo pago, pero nosotros estábamos encantados con la tarea encomendada que ni nos lo planteamos.

En pocas horas la mayor parte del trabajo estaba hecho, y el rezagado que no había llevado a cabo su tarea quedaba demasiado a la vista.

Al mismo tiempo los niños desempolvaron sus trineos e, incluso, sus esquís. Y sus risas contrastaban con el silencio del invierno.

A eso de la 1 salió el sol, y con él todo el vecindario a pasear y ver la hermosura del invierno. El lago estaba parcialmente helado. Por un instante parecía como si no hubiera pandemia. La magia de la nieve se la llevó y el tema de conversación fue otro. Enjoy the snow!- nos decíamos unos a otros.

Incluso el vecino con el que ni siquiera había intercambiado un par de frases, a pesar de que me presenté nada más llegar al barrio, parecía más feliz y tuvimos una breve conversación sobre lo importante que es echar sal para evitar resbalones. De nuevo la magia de la nieve.

A media tarde, en frente de casa ya había nacido un muñeco de nieve. Mis hijas, y sobre todo Gris, quien no había visto nunca tanta nieve, se encargaron de darle vida. Le pusieron su zanahoria, su gorro y su bufanda. Y le dibujaron una bonita sonrisa invernal para dar la bienvenida a quien quiera visitarnos. Por supuesto se llama Olaf.

Y ya cuando el frío exterior era excesivo nos metimos en casa. Preparamos un buen té con galletas, pusimos villancicos y nos sentamos a la mesa a jugar al Rummy. Y de esta manera hemos dado la bienvenida al invierno. Deseando fervientemente que la noche de Navidad vuelva a nevar para que Papá Noël aterrice con su trineo sin problemas y nos traiga muchos regalos. Los primeros han llegado de manera anticipada en forma de vacuna contra el virus y de blanquísima nieve. ¿Qué más se puede pedir?

!Feliz Navidad a todos!

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