Historias de Nueva York

Un comentario

Incluso con una pandemia en curso Nueva York es una ciudad maravillosa. Ciertamente no hay temporada de ópera, ni musicales, ni teatros. Broadway no luce como de costumbre ni la noche neoyorkina es lo que era. Pero la ciudad está preciosa. Se han creado nuevas zonas de paseo para que el peatón se deleite y los museos comienzan a reabrir con aforo limitado. La vida cultural sigue mermada pero el horrible bache de la primavera quedó atrás.

El buen tiempo animó a los neoyorquinos a salir a la calle y Central Park, el principal pulmón de la ciudad, ha sido un hervidero de actividad durante todo el verano. No había más que asomarse cualquier día a media mañana. Los neoyorquinos se lanzaban al parque equipados con todo tipo de artilugios para hacer deporte, volar cometas o simplemente para dar un bonito paseo o disfrutar de un picnic sobre el césped. Poco a poco el otoño comienza a entrar en la ciudad, la temperatura aun es buena, el color de las hojas comienza a mutar y la actividad en el parque no cesa.

Handstand for life

Los sábados a las 11 se reúne en el Great Lawn  el grupo Handstand for life. Abierto a cualquier participante que tenga ganas de hacer la vertical, el pino, la parada de manos.. o como quiera cada uno llamarlo. Mujeres embarazadas, niños, hombres, chinos, blancos, negros o hispanos. Todo el mundo está invitado. 100%free, 120%fun, ese es su slogan.

A ese grupo nos sumamos al poco de llegar a la ciudad. Sasha Syomin, su principal promotor, es un gimnasta de la Rusia soviética que emigró a Estados Unidos hace más de una década en busca de oportunidades. Y aquí se ha instalado. Es coach de gimnastas y artista en general. Desde hace años trabaja en el Metropolitan Opera House como entrenador de artistas, pero los fines de semana, desde que cerraron los gimnasios de la ciudad, decidió ofrecer clases gratuitas de gimnasia a todo aquel que tuviera ganas de mover el esqueleto. Su energía desbordante ha hecho que muchos se unan y su grupo es cada vez más numeroso.

 

Handstand for life, Great Lawn de Central Park

 

Pero Sasha solo es uno más. En el parque te topas con todo tipo de clases de yoga, taichi o baile. Te cruzas con improvisados conciertos de música o espectáculos de los más variado. Todo improvisado. Central Park, siempre lleno de vida, se ha convertido en tiempos de pandemia en el mejor aliado de la cultural.

 

Paris

Al poco de llegar localizamos cerca de casa un bonito parque en el que las niñas disfrutan de lo lindo porque estaba muy comcurrido. Diariamente, alrededor de las 6.30 de la tarde, suena una musiquita que se acerca por la calzada. Se trata del camión de los helados que anuncia su llegada. La estampida de los niños en dirección a la entrada del parque para formar cola es inmediata.  Y no es de extrañar porque ¡¡están espectaculares!

En ese mismo parque, ya casi al anochecer, Martina conoció  a Paris, una niña negrita de 9 años muy simpática y risueña. Después de un buen rato jugando, ambas se me acercaron para pedirme que Paris viniera a cenar a casa y se quedara a dormir. Al ser una absoluta desconocida, y teniendo en cuenta la pandemia en curso, no me pareció una idea tan brillante. La abuela, con la que había venido al parque, hablaba con el móvil dos bancos más allá y me resultaba imposible cruzar su mirada para que acudiera en mi auxilio. Las pequeñas insistían y yo no quería resultar antipática pero me parecía oportuno hacerle ver que no se podía ir a casa de la primera persona que acabara de conocer.

Entonces fue cuando me explicó que su padre estaba en a cárcel, que vivía con su abuela y que su madre no sabía cuidarla bien. Así, todo de golpe. A pesar de todo ese panorama, que me dieron ganas de adoptarla porque me monté ya una película digna de Hollywood, insistí en que era mejor que nos vierámos al día siguiente en el parque y organizáramos con tranquilidad algun plan juntas.Cosas así sólo te suceden en NY.

Y así hemos ido haciendo. Ya he conocido a la abuela, muy simpática, e incluso la pequeña vino un día a pasar el día en casa. Y toda la historia de la vida de Paris, digna de un guión de Hollywood, era cierta de cabo a rabo. La abuela me la explicó con pelos y señales.

 

Visitando la zona cero

En mis anteriores visitas a Nueva York no había tenido la oportunidad de visitar el monumento que la ciudad ha levantado a las víctimas del 11S. Lleva abierto al público varios años y posiblemente muchos lo conocereis.

Me resultó sobrecogedor. Desde que entré a este espacio de luto y recogimiento se me puso un nudo en la gargante que no me abandonó. Quise que me acompañaran mis hijas porque creo que es importante que conozcan este triste episodio de la ciudad en la que viven.

Las bases de ambas torres alojan en su interior unas fuentes semi hundidas en varios niveles que evocan el hundimiento de esos enormes edificios que fueron las torres gemelas. En la barandilla que bordea la fuente están inscritos todos los nombres de los fallecidos en cada una de las torres. Cada 11 S se lee en voz alta esa lista interminable de nombres para honrar su memoria.

Ambas fuentes contrastan con el inmeso y nuevo One World Trade Center, el rascacielos más alto de la ciudad.

Fuente de la Torre Norte

 

Fuente de la torre norte con el One World Trade Center

 

Nuevo skyline de la ciudad

La vida en los suburbios

Cuando uno piensa en NY lo hace en Manhattan, en los inmesos rascacielos, en Central Park, en la estatua de la libertad o en Broadway. Pero la inmesa mayoría de los neoyorkinos no vive en Manhattan. Los precios de la vivienda son exhorbitantes, el zumbido es permanente y la vida en la ciudad que nunca duerme puede ser asfixiante. 

En la ciudad de NY existen otros buroughs como Queens, Brooklyn, Staten Island o el Bronx, que son también muy buscados, pero incluso esas zonas también tienen los precios disparados. Por esta razón es frecuente que las familias con hijos pequeños, como es nuestro caso, vivan en las afueras, en los famosos suburbios.

El condado de Westchester, New Jersey o Connecticut suelen ser las opciones más comunes. En el caso de Westchester, nuestro caso, algunas de sus poblaciones como New Rochelle, están a unos 30 minutos del centro de la ciudad, la calidad de vida es mayor y el ambiente más tranquilo.

Rodeado de una naturaleza que soprende por la cercanía de la gran ciudad, en los suburbios predomina la casa con front y back yard. Los vecinos de la calle se conocen. Los niños acuden a la escuela caminando o en el famoso autobús amarillo. Y el uso de la bicicleta es habitual. Es exactamente como se dibuja en las películas americanas. No tienes la animación de Manhattan pero ofrece otras ventajas.

La pandemia ha revalorizado la vida de los suburbios y no es extraño encontrar gente que ha abandonado temporalmente el centro. En un momento en que la distancia social es obligatoria los metros cuadrados de los que se disponen son un gran tesoro.

Singular: 1 comentario en “Historias de Nueva York”

  1. ¡Qué interesante todo lo que cuentas, Ainho! NY es una ciudad impresionante. Vais a aprender un montón de cosas y para las niñas será una experiencia buenísima. Ojalá pase la pandemia pronto para que la podáis disfrutar del todo y para que podamos ir a visitaros. 😁 Muchos besos.❤️

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