Escritura terapéutica en tiempos de pandemia

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Noviembre en la montaña rusa

Ya hemos llegado a mitad de noviembre. Este año 2020 se me está haciendo interminable. Los días pasan rápido pero el año no. Estoy demasiado cansada de él. El entorno se encarga de que no te olvides, ni por un segundo, de que estamos en plena pandemia. Sé que debe ser así, pero no me sienta bien.

Las fotos y los vídeos de tiempos anteriores al COVID me resultan surrealistas, como de otra vida. Cero distancias, caras destapadas, ritmo desenfrenado. ¿Dónde quedó todo aquello? Tengo mis esperanzas puestas en el 2021 aunque quién sabe cómo será.

En estos tiempos el ánimo va como en una montaña rusa. A veces alto, otras en el subsuelo. Últimamente me siento bloqueada. Me cuesta concentrarme y me desanimo con facilidad porque no veo claro el futuro. Estoy irascible y pierdo los nervios con demasiada frencuencia. Quizás si alguien tuviera la culpa le podría echar la bronca y desahogarme, pero no soy capaz de encontrar al culpable.

 

Y aunque lo sé…

Lo que sí sé es que la llave de sentirme bien o mal está en mí. Y por eso escribo estas líneas.

La primera oleada la viví con bastante entereza. Los memes sobre el confinamiento me arrancaron más de una carcajada, la reflexión sobre la vida que llevábamos me pareció interesante, y a pesar del encierro, tuvimos muchos buenos momentos en familia. El buen tiempo de la primavera mexicana ayudaba a ver todo con más ánimo. Los tiktoks fueron protagonistas, disfrutamos de la piscina y hubo risas entre amigos. Por supuesto que se hizo cuesta arriba, pero era capaz de poner lo bueno sobre lo malo con más facilidad.

El verano fue un maravilloso paréntesis. Lleno de buenos recuerdos y un viaje inolvidable. Cuando quiero animarme lo rememoro.

Pero la segunda ola me está asfixiando. Volvemos a estar pendientes de la dichosa curva. Los casos aumentan, las restricciones se endurecen y la gente se encierra. Las cuarentenas y los PCRs están por todos lados. Cunde el desánimo y mucha gente lo pasa mal. A todos nos agarra más cansados. En teoría todo está bien en mi pequeña burbuja, pero a veces es una falacia. A diferencia de la primera ola, ahora me cuesta más poner lo bueno sobre lo malo. O quizás es que como estoy en ella me siento ahogada.

 

Un otoño maravilloso

Pero la vida sigue, el tiempo pasa y sigue habiendo cosas maravillosa que no siempre soy capaz de disfrutar como antaño.

Una de las cosas maravillosas que estoy viviendo es el otoño. Sin duda es el más bonito que haya visto. Acostumbrada a ciudades con poca vegetación, las afueras de NY son un verdadero paraíso. Los árboles son los grandes protagonistas de mi otoño. Y me dan envidia porque a ellos les da igual la pandemia. Siguen su curso vital… ahora toca perder las hojas. Luego, seguramente el invierno los cubra de nieve, hasta que llegue la primavera y se llenen de brotes verdes.

 

 

Noviembre nos ha regalado la semana más bonita desde que llegué. Sol, temperatura agradable e infinidad de colores otoñales. Una belleza desconocida para mí.

Mi arce japonés se está quedando pelado. Y sus cabellos rojos decoran el suelo. Pero no quiero recogerlos aún porque el contraste de la hoja mojada con la piedra me parece maravillosa.

 

 

Tengo otro árbol  que ha teñido el jardín delantero de color amarillo. !Ojalá supiera su nombre!

 

 

Quizás el fin de ciclo que representa el otoño me haga estar más sensible y me reste fuerzas para hacer frente a esta interminable pandemia.

También tengo la suerte de vivir en Nueva York pero siento rabia de no poder disfrutarlo en su plenitud. La suerte de vivir en una casa estupenda, en un lugar precioso, con la gente que me hace feliz… y la desgracia de sentir que estoy atrapada. La suerte de saber que tengo casi todo al alcance de mis manos y la desgracia de ver que a veces no sé ni por donde empezar. Y en ese estado me encuentro.

 

Escribir como terapia

Y así enfoco el invierno, llena de contradicciones. Apostándolo todo a que la primavera traiga cosas buenas y con la esperanza de que exteriorizar mis debilidades me ayude a sentirme más fuerte. La escritura siempre ha sido mi mejor terapia. Me permite sacar lo que me agobia y ponerlo en perspectiva, y así disfrutar de las pequeñas cosas que la pandemia no nos ha robado. Ahí queda dicho.

Plural: 4 comentarios en “Escritura terapéutica en tiempos de pandemia”

  1. Querida Ainho: me ha gustado mucho tu texto. Son tiempos difíciles y expresas muy bien esa sensación de impotencia. De tenerlo todo pero al mismo tiempo de no poder disfrutar de nada plenamente. Las cosas bonitas se ven empañadas por la pandemia, las restricciones, los muertos, el paro, la crisis económica … es el momento de valorar las pequeñas cosas como el otoño increíble que estáis viviendo, un amanecer, una buena comida, estar con Gauden y las niñas…. Hay que ser pacientes, no nos queda otra. Ojalá como “dicen los expertos” vuelva la normalidad la primavera que viene. Sería maravilloso poder movernos sin restricciones, abrazarnos, estar juntos, viajar… Esto pasará y seguro que nos dejará lecciones importantes. Muchos besos, Ainho!

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