DIY: seguimos con la nieve

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Esta es la tercera nevada en lo que va de invierno y mi expertise retirando nieve y desenterrando el coche ha alcanzado cotas inimaginables. Tanta nieve he retirado que mi pala, aunque de las robustas, empieza a flaquear. Y yo que creía que me duraría toda la vida. Durante la última nevada Michael, el vecino del número 15, salió con su máquina quitanieves antes de que dejara de nevar, y el del número 14 lo hizo a las 11 de la noche. No era la primera vez que notaba tanto entusiasmo en mis vecinos. Parecía una competición de a ver quién lo hace más rápido. Miras al vecino y como tenga el camino impoluto te entra la depresión.

La pasión por retirar nieve de los norteamericanos me recuerda a la de mi suegro por acabar con las impurezas de su piscina, es decir, es ilimitada. Debo conceder que la retirada de nieve es mucho más sencilla cuando ésta está recién caída, luego se endurece, pero ponerte manos a la obra en medio de la tormenta requiere de una profesionalidad, o determinada condición mental, que yo aún no he alcanzado.

Mis agujetas después de la última nevada eran tan descomunales que hasta mi pequeña Martina se ofreció a masajear mis doloridos hombros con sus diminutas manos. Una tierna recompensa. No hice como Michael, el vecino, y la nieve se endureció. Craso error.

Mi marido colabora pero os seré sincera, he tenido que prohibírselo. Cada vez que coge una pala, un pincel o cualquier otra herramienta acaba lesionado por lo que no sale a cuenta. Esta semana tiene programada una artroscopia de rodilla para reparar los destrozos causados en su articulación por abusar de la posición en cuadrupedia al pintar el deck en septiembre. En cónclave secreto hemos decidido que él se ocupe de los temas culinarios y yo de los de mantenimiento. Somos una pareja moderna.

Mi amor por la nieve

Confesaré que mi relación con la nieve comienza a ser contradictoria. En diciembre me parecía maravillosa. En enero era bonita. Y en febrero… estoy deseando que llegue la primavera. No estoy acostumbrada a inviernos largos y éste está siendo especialmente severo. Diariamente reviso la previsión meteorológica en el móvil y cuando veo la señal de nieve se me apagan las luces. El invierno sería ideal si durara lo que dura la Navidad. El resto me parece un abuso. Eso sí, las fotos quedan preciosas y lucen envidiables en el instagram.

A pesar de mis líneas anteriores lo estoy disfrutando. Me gusta la sensación de vivir en el siglo XIX y todas estas actividades forman parte de ello. Las tardes están llenas de momentos en casa: cocina, lectura y series (menos mal que en realidad no estamos en el XIX). Y por las mañanas, cuando las niñas y la escritura lo permiten, hay que quitar nieve, retirar hojas, podar plantas o pintar alguna que otra pared. Una casa ofrece infinidad de trabajo físico que me resulta revitalizante.

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