De Monterrey a Argelès-sur-Mer

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El colegio Irlandés de San Pedro acogió hace unas semanas la presentación del libro «Aquellas horas que nos robaron» de la escritora mexicana Mónica Castellanos.

La novela me trajo muchos recuerdos porque está localizada en nuestro anterior destino, el sur de Francia. Se centra en uno de esos tristes episodios de la posguerra española y II Guerra Mundial. El diplomático Gilberto Bosques, destinado a finales de los años 30 como Cónsul General de México en Francia, es el protagonista de esta aventuar. Pero mientras la leía también me vino a la mente la labor realizada por la enfermera suiza Elisabeth Eidenbenz de la que tuve noticia duramente mis años en Perpignan. Me gustaría hablaros un poco de ambos.

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La retirada

Tras la caída de Barcelona en 1939 se inició un éxodo sin precedentes de republicanos hacia Francia conocido como la Retirada. Durante nuestra estancia entre 2014 y 2017 en Perpignan pude conocer de cerca ese triste episodio de nuestra historia desconocido para muchos españoles.

La retirada es el nombre que se le da al éxodo emprendido por miles de españoles con el avance de las fuerzas nacionales. En 15 días, entre el 28 de enero y el 13 de febrero de 1939, cerca de medio millón de personas había cruzado la frontera francesa. Muchos, sobretodo mujeres y niños, fueron trasladaso a campos del centro y norte de Francia. Muchos otros, hasta 250.000 se quedaron en los Pirineos Orientales. La situación era dramática. Las autoridades francesas estaban desbordadas. El recelo del francés hacia el español alcanzó cotas inimaginables. Y las bonitas pero ventosas playas de Argelès, Saint Cyprien o Le Barcarès se transformaron durante casi dos años en centros de internamiento que albergaron a decenas de miles de españoles.

Sólo en el campo de Argelès-sur-mer se concentraron a 80.000 almas en condiciones infrahumanas. Las epidemias fueron frecuentes y los hospitales de campaña absolutamente insuficientes. Se levantaron alambradas y la vigilancia fue encargada a la Guardia Senegalesa. La consigna era que nadie podía salir. A esos campos, más parecidos a campos de concetrnación que de refugiados, van a parar dos de los protagonistas de «Aquellas horas que nos robaron».

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México lugar de acogida: Gilberto Bosques

Pero como en todo momento negro de la historia hubo un hombre que luchó para ayudar a muchos de esos infelices.

Gilberto Bosques, Cónsul General de México en Francia, hizo más de lo que su función diplomática le obligaba. Concedió numerosas visas a exiliados españoles que vieron en México la posibilidad de escapar de la miseria. México les acogió dándoles la nacionalidad de inmediato. Asimismo Bosques se encargó de abrir una oficina para defender ante las autoridades francesas a los españoles que eran reclamados por la España de Franco. Sin su intervención, la mayoría habría sido devuelto a España y el desenlace de sus vidas habría sido más que incierto.

Poco a poco, y tras el inicio de la guerra mundial, el Cónsul amplió la labor de la oficina a todos los perseguidos por el fascismo o nazimo. Gracias a la concesión de visados y a la ocultación de datos, como la condición de judío, pudo salvar de una muerte casi segura a muchas almas facilitándoles la llegada a México. Gilberto Bosques fue hostigado e incluso detenido por la Gestapo junto con su familia y trasladado y encarcelado en Alemania. En 1944 consiguió regresar a México.

A la presentación del libro acudió una de las hijas de Gilberto, una entrañable abuelita de pelo plateado y sonrisa bondadosa que homenajeaba con gran admiración a su padre. También acudieron desde diferentes partes de la República mexicana los llamados «hijos de Gilberto», descendientes de aquellas personas a las que consiguió salvar. Todo resultó muy emotivo e interesante.

 

Elisabeth Eidenbenz: la maternidad de Elna

Contemporáneo a Gilberto Bosques es Elisabeth Eidenbenz. Otro de esos héroes de los años 30-40 cuya excepcional aportación recoge el libro «Les enfants d’Elisabeth» de la escritora francesa Hélène Legrais.

En esta ocasión la protagonista es una enfermera suiza quien, tras vivir en Madrid para ayudar a mujeres y niños golpeados por la guerra, se traslada a Francia tras la derrota de la República para seguir ayudando a los exiliados. Allí consigue, gracias a su empeño, hacerse con unas instalaciones para que las madres españolas embarazadas que estaban recluidas en los campos de concentración del sur de Francia pudieran dar a luz en condiciones de seguridad e higiene aceptables.

Hasta la apertura de la que se conocería como la Maternidad de Elna  la tasa de defunción de recién nacidos en los campos era del 95%. En dicha maternidad se podían alojar las madres con los niños hasta que cumplían dos meses, luego debían regresar a la playa.

La Maternidad, cuyo edificio sigue en pie y puede ser visitada, fue la salvación para los niños nacidos en aquellos campos que pasaron también a conocerse como «los hijos de Elisabeth». Cuando da comienzo  la guerra mundial y cae Francia, se inicia la persecución de judíos también en suelo galo y, al igual que Gilberto Bosques, la maternidad empieza a ayudar a numerosas madres judías ocultando también su origen.

En total nacieron en sus instalaciones unos 400 hijos de exiliadas españolas y unos 200 de madres judías. La maternidad fue terriblemente hostigada por la Gestapo y definitivamente cerrada en 1944 antes de que acabara la guerra. Cuando leí ese libro Martina no era más que un bebé y recuerdo cómo se me ponían los pelos de punta mientras iba pasando las páginas.

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Francia en la Retirada

Volviendo al tema de la Retirada y al papel desempeñado por Francia, recuerdo una agradable velada en nuestra casa de Perpignan charlando con el subprefecto de Céret sobre qué debería haber hecho Francia en aquella ocasión. Obviamente yo me mostraba muy crítica con la durísima acogida de Francia.

Pero él me confesó con cierto rubor que como representante de la República Francesa en la zona se había preguntado muchas veces qué habría hecho él en esas circunstancias. «Ten en cuenta -me dijo- que en cuestión de dos semanas un cuarto de millón de personas se instalaron en el departamento. En aquel entonces la población francesa en la zona apenas llegaba a los 200.000. Y estamos hablando de los años 30».  Cuando pronunciaba esas palabras vislumbré la mezcla de duda, remordimiento y soledad en los ojos del que ha de tomar decisiones. En mi cabeza resultó aún más valiosa la labor de aquellas personas que arriesgan sus vidas para ayudar a los demás.

Los reconocimientos al duro recibimiento dado por Francia a los españoles no se iniciaron hasta el siglo XXI. Durante muchos años estos episodios se olvidaron. Había demasiadas heridas que sanar. En 2005 Elisabeth Eidenbenz recibió la Legión de Honor de Francia. Gilberto Bosques el premio franco-alemán a los Derechos Humanos, entre otros. En 2014 y 2015 se abrieron los Memoriales en Argelès y Rivesaltes en recuerdo de aquellos campos.

Una época verdaderamente terrible durante la que predominó el sufrimiento y las historias desgraciadas de la que no estaría de más sacar enseñanzas para evitar que se repitan.

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