Cruzamos al norte: de Harrisonburg a New York (parte III)

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Seguimos la ruta

Nuevo día y nueva ruta. A las 7 a.m salimos por la puerta del hotel. Tras dos jornadas agotadoras finalmente hemos dormido como troncos hasta que ha sonado el despertador. Queda el último tirón.

¿Y la pandemia?

En la recepción recogemos una bolsita de estraza con el desayuno. Ahora se sirve take away, cortesía del Covid.

Sorprendentemente, durante el viaje casi no hemos notado el rastro de la pandemia. La gente en América va, por lo general, sin mascarilla. Y salvo los carteles en las carreteras de Tennessee pidiendo social distancing, y alguno más en New Jersey, ningún otro estado hace mención al asunto.

Aunque está siendo extenuante, la libertad que siento durante este viaje me sienta bien. Tres meses encerrados en Monterrey y, de repente, un continente por el que circular. Compruebo que la vida sigue a pesar del virus.

 

Nos acercamos a la capital

Continuamos por el Shenandoah Valley rumbo a Winchester. Washington comienza a quedar al este. ¡Qué lejos hemos llegado ya!

El Valle se amplía, las montañas devienen suaves colinas y las pintorescas granjas de tabla blanca se transforman en enormes granjas de ganado. Se nota que la densidad de población va en aumento. Washington, Filadelfia, Baltimore, Nueva York… ninguna queda lejos ya.

Por estos estados la influencia española ha desaparecido por completo. Ahora abundan nombres de origen alemán, holandés y, por supuesto, inglés.

Influencia holandesa

Sin darnos casi cuenta cruzamos a West Virginia. Y un poco más allá a Maryland. Los estados son ahora más pequeños. Los cruzamos rápido.

Finalmente llegamos a Pennsylvania cuyo cartel de bienvenida con su “Pursue your happiness”, me enamora.

Interstate 78 dirección NY

Este tramo se me está haciendo largo. La cercanía del destino final hace aumentar mi ansiedad. Las horas de coche acumuladas se empiezan a notar.

Las carreteras americanas

Las carreteras americanas son un hervidero de camiones, coches y vehículos variopintos que van en todas direcciones. Un enjambre. Los automovilistas coinciden al anochecer en los cientos de hoteles apostados a lo largo del camino. Holiday Inn, Hampton Inn, la Quinta suites o motel 6 son algunas de las cadenas más demandadas.

Con los ojos somnolientos desembarcan, al caer el sol, familias enteras buscando reposo. América es enorme y los viajes de varios días no son extraños. No hay otro país en el que viajar en coche sea tan sencillo.

También abundan las cadenas de comida basura: McDonalds, KFC, Subway, Taco Bell…

 

New York, New York…

Salgo de mis pensamientos cuando veo el primer cartel anunciando NY a 135 millas. Ya casi estamos. Me emociono. Solo queda el último tirón.

A medida que nos acercamos a la gran manzana los carriles se estrechan, el tráfico aumenta y la conducción tranquila desaparece. Aquí hay que estar con mil ojos.

Autopista para arriba, autopista para abajo, ahora a cruzar un puente de hierro, métete por el túnel…menudo derroche de obras de ingeniería. Y finalmente, tras 3 días de carretera vemos la gran manzana a lo lejos.

Incluso desde la distancia, los rascacielos resultan majestuosos.

Skyline de Manhattan

Pero nosotros no nos dirigimos a Manhattan sino algo más al norte, cerca de la frontera con Connecticut: New Rochelle en el condado de Westchester.

New Rochelle, Westchester county

Ahí tenemos nuestro alojamiento. En menos de una hora Matthew, nuestro agente, nos espera. Comenzaremos una nueva aventura: la búsqueda de casa. Pero eso queda para otra entrada.

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