Acerca de Diplomatic Baggage

En 2006 viví con mi marido en Londres. Fue una experiencia maravillosa. Nuestro primer destino juntos. Aún no estábamos casados y gozábamos de toda la libertad que una pareja joven, en una gran capital europea, pueda desear.

Un día en el aeropuerto me compré un libro titulado «Diplomatic Baggage: The Adventures of a Trailing Spouse» de Brigid Keenan. Hablaba sobre las vivencias de una mujer casada con un diplomático británico que tras una vida por medio mundo se enfrentaba nuevamente a un cambio de destino. Ahora le tocaba Ulan Bator (Mongolia). Durante la experiencia sufrió todo tipo de altibajos, se tuvo que reconstruir pero salió adelante fortalecida.

Ahora es mi turno. Mi marido, también diplomático, ha sido destinado a México. De Londres, volvimos a España, y luego a Perpignan. Ya no somos dos en la familia, sino cuatro. Y lo que era una vida sencilla se ha vuelto cada vez más complicada. En el cambio a México, además, se unen las dificultades inherentes a un destino lejano.  La apuesta por este proyecto familiar me ha obligado a una serie de renuncias personales y profesionales. Porque la vida trata de esto, de apostar y trazar un camino. Mi misión es la de arquitecta jefe de esta familia viajera.

Sé que no soy la única en esta tesitura. Somos muchas las personas que acompañamos a nuestras parejas al exterior: diplomáticos, ejecutivos de multinacionales, y expats en general. Todos abandonamos la comodidad de lo conocido para aceptar el reto. Por lo general salimos ganando pero el camino no está exento de dificultades.

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