Segundo aterrizaje en la ciudad

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Los calores siguen apretando pero desde hace varias semanas se acabaron oficialmente las vacaciones de verano. Regreso a la rutina después de unas vacaciones más que completas pero agotadoras. Tuvimos la suerte de poder disfrutar de la playa, de la montaña, de la familia y de los amigos, desde Europa hasta América. Siempre uno se queda con la pena de que podría haber sido un poquito más o que faltó ver a tal persona pero seguramente sería un abuso.

Barcelona nos despidió con uno de esos regalitos del verano aeroportuario: retraso en la salida del avión, colas interminables y pérdida de la conexión en Miami. Las niñas contentas porque como en Miami nos enviaron a un hotel su cerebro lo tradujo como más de vacaciones. Y yo… pues… ¿qué iba a hacer?: me tomé el tema con toda la filosofía que pude. Sinceramente volar desde el aeropuerto de El Prat suele ser complicado pero en verano es un suicidio. El retraso o incidente está garantizado.

Y Monterrey nos recibió con lluvia y una temperatura más que agradable. El domingo, ya más hechas al huso horario, comenzamos una maratón pata preparar útiles ya que el lunes reiniciaba la escuela. La lista de material era INTERMINABLE y con una terminología con la que aún no me he familiarizado: legajos, plumones, plumas, crayones, cuaderno college, cuaderno profesional… Fui al Office Depot y agarré a un chaval para que me ayudara. “Disculpe joven…” y le solté el listado. Y toooda la tarde de un lado para otro. Eso sí fue agotador.

Gracias al jet lag a las 6 de la madrugada del primer día de clases estábamos ya todos en pie. Desayunamos con tranquilidad y preparamos las “loncheras”, más conocido en España como fiambrera o táper (tupper). Y es que aquí lo normal es que los niños traigan la comida de casa. A las 7.15 estábamos todas subidas en el coche caminito a la escuela (como el programa de Antonio Esquinca). Acompañé a las niñas a cada una de sus clases porque había que entregar la ingente cantidad de material comprado el día anterior.  Martina iba con algo de tensión pero tranquila; Blanca estaba de los nervios y eso, en su caso, se tradujo en que no se le podía dirigir la palabra. Y después de despedirme de ellas con los besitos de rigor, y abandonar las instalaciones del colegio, respiré…. y respiré TRANQUILA. Había concluido la maratón y seguía viva. Tras las vacaciones e iniciado el nuevo ciclo escolar podía nuevamente disponer de tiempo para MÍ y sólo para MÍ.

Y una de las primeras cosas que hice fue asistir al desayuno de bienvenida que organizaba la MIWO (Monterrey International Women’s Organization) en casa de uno de sus miembros, Jeremy. Fue una experiencia muy interesante porque de repente me introduje en un ambiente de EXPAT muy curioso que no había vivido todavía aquí. Al ser española México ha resultado siempre un lugar cercano en el que me he movido casi exclusivamente entre mexicanos. Pero cuando eres india, alemana, coreana o americana, puedes sentir que has aterrizado en otro planeta. Fue agradable conocer a todas esas mujeres. La mayoría de ellas habían abandonado sus lugares de origen, incluso sus trabajos, por obligaciones laborales del esposo. Muchas se buscaban una nueva ocupación profesional otras llevaban ya varios traslados a sus espaldas. En algunos casos sus niños eran pequeños, en otros los hijos habían tenido que volar con cierta premura del nido porque llegada la edad universitaria la prole no pude seguir a los padres. Ese momento suele ser bastante complicado para la madre. La mayoría se tomaba la experiencia de manera positiva pero a otras les costaba horrores adaptarse. En México para las españolas ese desarraigo no es tan fuerte aunque como el español es muy de la morriña cada jueves hay desayuno de españolas en algún punto de San Pedro para intercambiar impresiones. Que recuerde sólo he acudido a uno, al poco de llegar, pero supone una especie de alivio el saber que se reúnen los jueves y que siempre cualquier española es bienvenida.

Y pocos días después del desayuno  del MIWO llegó mi cumpleaños. Y ya van 41. Mi segundo cumpleaños en México. Me sorprendió lo diferente que me sentía respecto al del año anterior. Entonces todo era nuevo y extraño. Estaba insegura e inquieta. La preocupación por que la FAMILIA se adaptara al nuevo destino flotaba en el ambiente. Este año me siento una veterana, todo resulta familiar y todo lo vivo de manera diferente. Ni siquiera el calor me resulta tan fuerte. Festejamos mi día de la mejor de las maneras, en la intimidad del hogar con un delicioso pastel de chocolate que hizo mi marido, que es el preferido de mi hija Martina y el mío también. Y lo pasamos estupendamente. Como soy una sentimental eché de menos a mis padres y hermanos… Y cuando me llamaron mis hermanas y mi prima Marta, con un pastel sobre la mesa para celebrar el cumpleaños a distancia yo conducía por Alfonso Reyes y me llevé tal alegrón que no pude sino echarme a llorar de la emoción y orillarme rápidamente con el coche a la acera porque mi vista estaba demasiado nublada como para poder ver al coche de delante. Y es que aunque tenga ya 41 sigo sintiéndome una niña y adoro que sea mi cumpleaños. Y espero que por muchos años más.

Buen segundo aterrizaje.

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