¿Es México un país inseguro?

Negar la inseguridad en México es un sinsentido. Casi como negar que en Monterrey hace calor en verano. Las estadísticas están ahí y son incuestionables. En 2017, según los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) hubo un homicidio doloso en la República cada 16 minutos y 9 segundos, lo que equivale a 2.371 en el último mes. España registró en 2016 un total de 292 homicidios dolosos, 44 de los cuales de violencia de género. Obviamente no todo México se ve sacudido de la misma manera. Mientras Colima tiene una tasa de 88 homicidios por 100 mil habitantes la de Yucatán es de 1.89 por cada 100 mil. Eso hace que la sensación de inseguridad sea muy diferente en función del lugar donde residas. En cualquier caso las cifras globales indican que 2017 ha sido el año más violento de la historia reciente de México.

La principal razón de esa inseguridad se debe a la lucha contra el narco y las disputas territoriales entre grupos de crimen organizado para diversificar los negocios. En otras palabras, el ciudadano de a pie no es el objetivo y salvo excepciones, en las que se vea en un desafortunado y poco probable fuego cruzado entre bandas, conoce esa inseguridad a través de las noticias. Además, según las últimas estadísticas, el secuestro, principal temor del ciudadano normal, va en descenso. Eso permite que la gente viva su vida con bastante normalidad. Y la sensación de inseguridad sea relativa. Sólo hay dos matices a la normalidad: no se agarran taxis, mucho menos por las noches, y se evitan las salidas nocturnas fuera de las zonas consideradas seguras.  La situación geográfica de México es fundamental para entender el porqué de las terribles estadísticas. Al norte linda con el principal consumidor de droga del mundo, EEUU. Al sur se encuentran los países productores. México se convierte en lugar de paso obligado.  Además, para su desgracia, el debilitamiento de los cárteles de la droga colombianos vino parejo al fortalecimiento de los mexicanos. La incapacidad de las autoridades para hacer frente a la inseguridad que genera el narco (corrupción, disputas políticas…) ha hecho que la población civil pierda confianza en sus autoridades y eso también ha sido aprovechado por delincuentes de poca monta para hacer de las suyas. Como suele suceder los más humildes son los que se llevan la peor parte. Parece, asimismo, que en período electoral, como el que vivimos ahora con elecciones a la Presidencia de la República a la vista, todo se remueve un poco y hay un repunte de la inseguridad. El estado de Guerrero, por ejemplo, cuya ciudad principal es la famosa Acapulco se ha convertido en uno de los puntos negros de la inseguridad en México y las luchas por el control de su puerto son feroces. Junto a Acapulco hay otros puntos negros en el país donde las autoridades son incapaces de controlar la situación. Pero esa situación no hace que la gente deje de ir a Acapulco, sin ir más lejos yo estuve con mis hijas la semana pasada, pero sí lo visitas con precaución. Uno debe saber lo que es prudente e imprudente. Y si sigues los consejos de los locales es extraño que tengas problemas.

Monterrey históricamente era considerado un oasis en las estadísticas. No era infrecuente que las familias pudientes de la capital enviaran a sus hijos a estudiar al famosos Tecnológico de Monterrey porque la ciudad garantizaba una seguridad para sus hijos adolescentes que Ciudad de México no tenía. Eso cambió también y 2010 se convirtió en un año negro para la ciudad. Una serie de dramáticos acontecimientos (secuestros, asesinatos…)  produjeron algo inaudito e inconcebible en muchos países, los grandes empresarios se unieron a las fuerzas políticas para crear y financiar con enormes cantidades de dinero programas de seguridad que devolvieran la tranquilidad a sus habitantes y nació así Fuerza Civil, una nueva policía del Estado de Nuevo León para proteger al ciudadano. Los resultados se vieron enseguida, las estadísticas mejoraron y la población volvió a respirar. Pero hubo nuevas elecciones a la Gobernatura del Estado en 2015 y la situación, según indican las estadísticas, se ha vuelto a deteriorar. San Pedro, uno de los municipios que conforman Monterrey sigue siendo, sin embargo, un pequeño oasis de tranquilidad. El alcalde tiene muy claro que la seguridad es la prioridad número 1 para sus habitantes y que los cárteles de la droga no son hermanitas de la caridad que puedas combatir con buenas palabras. Esperemos que las elecciones municipales que tendrán lugar en octubre 2018 no alteren este equilibrio.

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