¿Conocen ustedes el Mesón Estrella?

Sábado por la mañana, agarramos el coche y nos dirigimos desde San Pedro hacia el centro de Monterrey. Destino: el Mesón Estrella. Llevamos pocos meses en la ciudad y  desde que mi marido lo descubrió al poco de llegar es una visita obligada casi todas las semanas. Monterrey es una ciudad muy industrial, moderna y poco “mexicana”. Le gusta demasiado mirar hacia el vecino del norte y, a veces, se olvida de que su atractivo está en que esto es México y no Gringolandia. Desde que llegamos andamos buscando la parte más auténtica, la más mexicana… y el mercado ha sido, sin duda, uno de los mejores descubrimientos.

Morones Prieto, Cuahutémoc y a girar por Aramberri. La calle está a rebosar de gente y sobre todo de camiones (autobuses) que no respetan ni al peatón ni al coche  ni a nada que se les ponga por delante. Hay que lanzarse o no pasaremos nunca. Seguimos a trompicones, la calzada llena de baches y cada vez más gente. Se trata de un sábado cualquiera en las inmediaciones del Mesón Estrella. Buscamos estacionamiento por la zona y lo encontramos sin problema. Y hacia el mercado que nos dirigimos. Los puestos de fruta proliferan por doquier en las inmediaciones, también los puestos de tacos y la música saliendo de las cantinas. Todo bastante desvencijado pero con sabor y lleno de movimiento. Aguacates, chiles, plátanos, nopales, sandías o mangos, el género va cambiando en función de la época del año pero es siempre abundante. Si queréis ajos id a la calle de la iglesia, allí encontraréis camionetas enteras llenas de ellos. Desde luego ahí no hay ningún vampiro. Hacemos nuestras compras yendo, por supuesto, de un puesto a otro pero casi siempre en los del interior del mercado porque en los de fuera abundan los que tienen la balanza trucada, pillines. ¡Hemos encontrado unas fresas buenísimas! Hoy de postre fresas con azúcar. ¡Mmm!!

Mucha oferta, precios bajos y todo tipo de producto, desde el de primera calidad hasta el maduro rozando lo podrido. Todo puede ser de utilidad en función de lo que uno quiera cocinar. Escasea el “güero” por entre los puestos, ni que decir los turistas, ni siquiera los despistados. Nosotros somos los únicos que damos un poco la nota pero ya nos van conociendo. Se trata de un mercado para el mexicano de a pie aunque cualquiera es bienvenido. Y si desean visitarlo no se pongan muy exquisitos: hay suciedad, fruta por los suelos, puestos rudimentarios… ¡ay… ¿y si llueve?!… pues a sortear charcos porque puede ser un barrizal. No vengan con sandalias. Un apunte: de mis amistades mexicanas casi ninguna se deja ver por este vivo pero desvencijado mercado. Y una sugerencia: una buena remodelación haría de este lugar una atracción turística de primer nivel. Todo es ponerse.

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