Una escapada a USA

Una de las ventajas que uno tiene al vivir en México es que está ubicado geográficamente en unas coordenadas del planeta diferentes a las de España. Y eso es una ventaja, otras un inconveniente, porque cuando tienes unos días disponibles te plantas en pocas horas en Nueva York o San Francisco. Todo Estados Unidos queda a tiro de piedra y sin cambio horario. En esta ocasión decidimos hacer una escapada a Salt Lake City para disfrutar de unos días de esquí.

En Monterrey cogimos el avión rumbo a Tijuana. Cruzamos por el puente CBX hasta San Diego y ya en el lado yanqui dos horas de vuelo más hasta Utah. Llegamos a destino por la tarde. Nos alojamos en una casita monísima en el centro de la ciudad. Muy cerca del Capitolio y a unos 30 minutos de varias estaciones de esquí. Salt Lake City es la capital del estado de Utah y mundialmente famosa por ser el hogar de los Mormones, una variante del cristianismo no reconocida por Roma que durante un tiempo permitió la poligamia. La ciudad es la típica americana muy bien puesta, con un downtown pequeño de rascacielos modernos y el resto de casitas bien cuidadas con su correspondiente jardín. Todo muy ordenado. Obviamente el nombre de la ciudad viene de un gran lago que se encuentra en las proximidades cuya principal curiosidad es la salinidad del agua, al parecer altísima, más incluso que la del Mar Muerto en algunos puntos. Aquí a mediados del s.XIX llegaron los fieles de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (los mormones) después de ser expulsados de otros estados y tras un largo periplo por el país. Se instalaron y ahora representan aproximadamente el 60% de la población. Salt Lake City vendría a ser el Vaticano de los mormones.  Proliferan los templos de esta confesión y rascacielos de oficinas pertenecientes a su Iglesia. El principal Banco del estado es el Banco Zion (Sión, la nueva Jerusalén). Por lo que se refiere a las personas sólo puedo decir que son gente muy amable y aparentemente muy religiosa. Los jóvenes tienen obligación de servir dos años en misiones humanitarias y dejando de lado que tienen prohibido fumar, beber alcohol y consumir teína y cafeína, no tienen ninguna otra curiosidad.

 

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Durante nuestra estancia pudimos asistir a un partido de la NBA. Los Utah Jazz contra los Golden State Warriors. Barrieron los locales con una espectacular actuación de Ricky Rubio. Increíble que un chaval de Barcelona ponga en aprietos a unos negros de más de dos metros. La NBA como espectáculo vale mucho la pena. Incluso para el que no es amante del baloncesto. Vibrante de principio a fin: cheerleaders,  actuaciones de gran nivel en todos los intermedios y una calidad de juego que no se ve en España ni por asomo. Otra dimensión.

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También aprovechamos para ir a un concierto de country. Coincidió que Brad Paisley actuaba en el estadio de los Utah Jazz. Una estrella en USA, un desconocido en España. Tiene una canción que me gusta mucho que se llama Whiskey Lullaby. Pero no os quiero hablar de su música sino de una anécdota de lo que nos pasó allí y que demuestra lo poco que en España conocemos a los estadounidenses. Las alusiones a sus “boys” (sus soldados) eran constantes. El telonero, un completo desconocido, pidió que la gente del público que tuviera familiares sirviendo a la patria se levantara, y os aseguro que fueron un montón. La chica que estaba a mi lado se levantó. Su hermano está en Afganistán. Y es que Estados Unidos tiene miles y miles de soldados desplegados por todo el mundo. Y para sus familiares es un orgullo. Obviamente los recordatorios a la patria y a la bandera eran constantes. Luego llegó Brad Paisley y después de varias canciones también hizo su particular homenaje a los servidores de la patria. De repente de la nada salieron siete marines, uno de ellos mujer, para que los veinte mil asistentes al concierto pudiéramos agradecerles su dedicación. El público estaba entregado. Por supuesto hubo mucha música y miles de otras anécdotas pero la que os recojo es la que más me impactó. Inconcebible en España.

Pero a Utah vinimos a esquiar. Así que os diré que disfruté de las mejores pistas de esquí de mi vida. Park City, estación que alojó los Juegos Olímpicos de 2002, es impresionante. Carísima, eso sí. 140 dólares el forfait. Los 50 euros de Baqueira, de repente, me parecieron poco. La estación era enorme. Las montañas no excesivamente altas. Estábamos a una altitud de unos 2200 metros en las cotas bajas y unos 3000 en la más alta. La propia ciudad de Salt Lake está en una llanura inmensa a 1300 m. Todos estos datos para decir  que se tiene una gran sensación de amplitud.  Las pistas bien cuidadas, muy anchas y con la inclinación suficiente para disfrutar de lo lindo. Y vamos si disfrutamos… cinco horas esquiando sin parar y casi sin repetir pistas. Hubo un momento en que nos metimos por entre unos bosques de pinos inmensos y parecía que estábamos solos en medio de la nada.  Por un momento pensé que allí igual nos aparecía un oso. Afortunadamente no. Fue una delicia. Los encargados de la estación estaban preocupados por la poca nieve, suelen caer 8 metros y SOLO llevaban 2. Las temperaturas acompañaron. Enero suele ser muy frío y pudimos esquiar sin problemas a unos 0 grados.

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De vuelta a casa aprovechamos que teníamos que pasar por Tijuana nuevamente para explorar un poco. Como sabéis Tijuana es la ciudad más importante de Baja California y hace frontera con EEUU. Del otro lado está la preciosa ciudad de San Diego. Todo orden y urbanidad. De este lado de la frontera, Tijuana, caos absoluto. La ciudad no tiene demasiado interés turístico más allá de la Avenida Revolución. Pero es punto de concentración de inmigrantes mexicanos y centroamericanos que quieren cruzar al norte. El taxista que nos llevó hasta el centro nos comentó que hacía pocos días la policía había descubierto un túnel que cruzaba al lado estadounidense.  Estaba convencido de que todo el suelo de Tijuana estaba agujereado. Seguramente así sea. Y es que a diferencia de Monterrey donde la frontera está a 200 km, en Tijuana ves cómo ondea la bandera gringa del otro lado del vallado. Demasiado tentador. Nos paseamos un rato por la avenida Revolución. Toda ella plagada de bares y farmacias. Tanto el alcohol como los medicamentos son mucho más baratos de este lado. Tijuana vivió sus años de esplendor coincidiendo con la aplicación de la Ley Seca en Estados Unidos en los años 20-30. La frontera se puede cruzar caminando desde San Diego, y  Los Ángeles está a tan solo tres horas. Toda una tentación durante la prohibición. Los tiempos pasaron pero la marcha nocturna en Tijuana sigue siendo famosa. También los Night Club.

Nosotros teníamos elegido el restaurante desde que dejamos Monterrey. Concretamente nos lo recomendó un programa de la BBC, “Rick Stein’s Road to Mexico”. Iríamos a comer al Caesar’s, famoso por ser el lugar donde se inventó la famosa “Ceasar Salad”. Una delicia. Superó con creces nuestras expectativas. Nos la prepararon en la misma mesa: mostaza, aceite, yema de huevo, queso, sal y ajo. Todo bien emulsionado. Remojas las hojas de lechuga romana en la salsa, un poco más de queso rallado y listo. Sólo falta el pan tostadito. El sitio nos encantó. Y comimos bien rico, como dicen en México. Muy recomendable si alguna vez pasáis por allí. Volvimos a casa muy satisfechos con nuestro viaje y locos por ver a nuestras niñas. El reencuentro fue espectacular. Casi, casi lo mejor del viaje.

 

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